Lo que la mente de un hombre puede concebir y puede creer, puede lograr (Napoleón Hill)

Hola a todos

Como si fuera una película de Tarantino me vais a permitir que empiece este post por el final… conseguido, ¡soy Finisher!.

Aunque ha pasado más de una semana desde que finalizase Vitoria aún estoy en la nube y si tengo que ser sincero no me quiero bajar. Voy a todos los lados con una sonrisa y una alegría que me delata. Seguro que a vosotros también os ha pasado, realizamos algo que parecía inalcanzable y nada más conseguirlo nos parece hasta normal… pero yo sé que no lo es, al menos para mí no lo es.

El fin de semana de la carrera fue muy especial, poco más de dos días en los que he podido disfrutar mucho tiempo con Paulita, un poco con amigos y encima he conseguido hacer realidad una ilusión de hace muchos años.

Salíamos de Madrid el viernes con una lluvia espectacular y después de 5 horas de viaje bajo la lluvia y con la carretera “desagradable” (por decirlo de alguna manera) conseguimos llegar a Vitoria. Llevábamos tanta ilusión que la paliza del viaje no pudo quitarnos la alegría así que después de situarnos en el Hotel nos fuimos a ver un poco la ciudad y a cenar a un sitio que nos habían recomendado.

Nos levantábamos el Sábado tempranito para aprovechar el día y nada más bajar a desayunar ya empezamos a respirar “ambiente Triatlón”. Casi todo el mundo estaba allí por la carrera, saltaba a la vista: vestimenta, conversaciones y por qué no decirlo… mucho tatuaje IRONMAN. Después de desayunar nos fuimos a la recoger dorsales  y dar una vuelta por la Feria del Corredor. Tuvimos suerte, no había mucha cola así que en poco tiempo pudimos terminar todos los trámites y salir a pasear y conocer Vitoria (ciudad muy recomendable para perderse y disfrutar de sus rincones y su gastronomía).

Se acercaba la tarde y tocaba empezar a centrarse en la carrera: bolsas de transiciones, check del material, dejar la bici en la T1,… Después de algún que otro susto (bendito dorsal) dejamos todo en su sitio, ya sólo quedaba cenar e intentar dormir un poco, a las 6:30 había quedado con Carlos y Rafa para salir en los autobuses a la zona de natación.

Sonaba el despertador y empezaba a ser consciente de donde estaba, era el gran día ¿estaría a la altura?. No había mucho tiempo para pensar, desayuno, últimos preparativos, subir al autobús y cuando me quise dar cuenta ya estábamos todos escuchando al Speaker dar la bienvenida y empezar la cuenta atrás, en una hora y media empezaba el Half y después nosotros… ¡ya estaba nervioso y quedaba más de una hora!.

8:43, llamada a los del FULL, a la línea de salida dos minutos para empezar. 10, 9, 8 …. 3, 2, 1 ¡adelante!

Llevado por la “masa” me pongo a trotar y llego al agua, y como si estuviera viviendo de nuevo el 2014 en Riaza, vuelven las mismas sensaciones de “pánico”: el corazón a mil, manotazo y fuera gafas, trago agua, no encuentro el ritmo, no avanzo ¿me va a pasar otra vez?, después de todo el entreno ¿te vas a quedar aquí?… ya estoy viendo el post “Historia de un Ironman”… ¡Fin!.

No sé en qué momento fue, pero de repente tuve un cambio de mentalidad, pasé de pensar en “el IRONMAN” a pensar en “pequeños logros”, empecé a darme cuenta que daba igual el tiempo, era mi carrera y el único objetivo era acabar. “Venga Nacho, a por la boya amarilla”, “venga Nacho ahora la recta entre boyas”… y así empecé a tranquilizarme y a coger ritmo, cuando quise darme cuenta ya estaba en la orilla empezando la segunda vuelta y todo había vuelto a la normalidad.

Finalizada la natación salí del agua con tranquilidad, andando ¿podía haber corrido? sí, pero hubiera ganado cinco minutos y yo sabía que el tiempo no era el máximo rival. Comenzó el sector de bici y empezaron las buenas sensaciones, me veía bien, ahora lo más importante era conservar las piernas y mantener la cabeza fría. A todo esto yo seguía con mis pequeñas metas “Venga Nachete, a por los primeros 10 km”… “Venga, otros 10 a ritmo”… y así acabó la primera vuelta con una media bastante correcta.

Hasta este momento todo perfecto, el circuito era un poco “rompe piernas” pero muy llevadero, sobre todo si lo comparo con mi última experiencia en Puertos de Guadarrama. Si hay que poner un pero a la vuelta fue mi culpa, uno de los avituallamientos no había sido bueno y la tripa se empezaba a quejar, por ahora algo llevadero.

Comenzaba la segunda vuelta y aquí se quiso apuntar un nuevo amigo: el viento. Empezaba a ser complicado ir tanto tiempo acoplado y los pequeños repechos ahora se notaban mucho más, así que no quedaba otra, bajar un poco el ritmo y seguir igual, pequeños paso “km 80” “km 90”.

Finalizaba la segunda vuelta y comenzaba la tercera, ésta más pequeña así que ya estábamos cerca. Yo seguía a mi ritmo, no quería cambiar de mentalidad “Km 160” “Km 170” y por fin apareció Vitoria. Estos ultimos 5-10 Km se me hicieron interminables, no veía el momento de dejar la bici y ponerme las zapatillas, pero sobre todo tenía ganas de ver a Paula y decirle “Voy muy bien, tranquila, esto lo termino” (justo lo contrario que tuvo que oir en Riaza).

Llego a la T2, dejo la bici y al igual que en la transición anterior prefiero ir andando. Esta vez ya era más cuestión de dolor de pies y estado de mi estómago que de otra cosa. Entro en la carpa y cuando estoy cogiendo la bolsa oigo “Nacheteeeeee” miro y… ahí estaba Paula, ¡Subidón!. Mi gesto y mis palabras creo que le dijeron todo antes de hablar con ella. Al salir de la carpa ahí estaban Paula, Patri y familia, que alegría oir esas palabras de ánimo, las primeras de muchas, pero oírlas nada más empezar la carrera eran una inyección de adrenalina.

Empezamos la carrera a pie y volvemos a centrarnos en los pequeños objetivos “Hasta el próximo avituallamiento” “Ahora hasta el siguiente“, y así estuve mucho tiempo en carrera, de puesto a puesto parando para refrescarnos por el calor y para tomar líquidos (no me atrevía a tomar geles, no tenía el estómago para muchos juegos). Con esa mentalidad fueron pasando las vueltas, ahora ando, ahora paro y cojo fuerzas, vuelvo a andar…

Cada vez que pasaba por la zona de meta era un subidón, llegaba una nueva pulsera, la gente animando como loca y sabía que por esa zona me encontraría caras conocidas.

Y por fín llegó la última vuelta, el tiempo había cambiado, el viento que nos acompañó en bici quería entrar conmigo en meta y por si fuera poco empezó a llover pero me daba igual, el frio, la lluvia y los 216 km anteriores no me iban a privar de disfrutar esta vuelta…y os aseguro que la disfruté de verdad. Decidí andar más que correr, por un lado quería asegurar que acababa (los tirones empezaban a asomar) y por otro lado quería disfrutar del publico que seguía ahí a pesar de la lluvia, creo que me abracé con todos los que me iba cruzando… IMPRESIONANTE.

Enfilando la zona empecé a darme cuenta que ya estaba hecho, estaba al lado de la meta a punto de finalizar mi primer IM. El grito al ver a Paula, Carlos, Patri y los niños lo decía todo, tanta alegría contenida tenía que salir y este era el mejor momento, estaba cruzando la meta después de 13h de carrera.

Mentiría si os dijera que quería hacer mejor tiempo, que al ver el tiempo en el marcador me dio un poco de rabia ya que me había fijado un Sub-13h, pero en seguida me acordé de todos los que había visto “caer” por el camino y me volví a dar cuenta que llegar era mi objetivo, lo demás era ego.

Es la primera vez que estoy en una prueba así pero sinceramente creo que lo de Vitoria no es normal, nunca había visto tanta gente volcada con un evento durante tantas horas. Todo el mundo sonriendo a los corredores, animando en todos los puntos del circuito, llamándote por el nombre (Nachete me decían)… incluso bajo la lluvia como os decía antes.

No quiero despedir este post sin dar las gracias a todas las personas que han hecho posible que cumpliera este sueño: a Carlos y su familia por volcarse el fin de semana con nosotros y aguantar hasta verme cruzar la meta, a todos los que me han acompañado en los entrenos para llegar aquí (mención especial a Arturo Cimarra, compañero de salidas que siguió la carrera al minuto desde Madrid) pero principalmente a Paula por aguantar todos mis madrugones y mi mal genio cuando no podía entrenar o cuando llegábamos tarde de una cena y sobre todo por vivir este fin de semana como si fuera su deporte, amoldándose a las comidas, horarios, prisas, cambios de planes… y siempre con una sonrisa ¡Gracias enana!

Un abrazo
NG